El calor es el enemigo de la mayoría de las baterías. Cuando las temperaturas suben, las células ordinarias pierden capacidad, envejecen más rápido y, a veces, fallan sin previo aviso. Para los sistemas solares instalados en tejados, en desiertos o en regiones tropicales, esto es un problema real. El sol que alimenta sus paneles también puede acortar la vida
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